

Un pequeño articulo sobre un tema que discutíamos con Elizabeth hace unos días.
Todos tenemos nociones instintivas de la importancia que tiene la imagen dentro de la vida de un profesional, en menor o mayor nivel esto pude ser clave, sin embargo a medida que mas esta idea se incrusta en la conciencia general, mas difícil se convierte el lograr objetivos relevantes con medidas simples.
Para un ejecutivo joven, la diferenciación suele ser una necesidad, a mayor tamaño de la compañía, a mayor competencia, mayor es la primordialidad de figuración, ante esto todo vale.
Así expertos internacionales dan claves, un buen vestir adecuado pero con sello propio, buenos accesorios, gadget electrónicos, etc. Se multiplican la oferta de cursos y talleres, así como literatura sobre como vestir, lenguaje corporal y verbal, tácticas de primera impresión, etc. Para que hablar de coaching, técnicas de relajación, manejo de emociones, etc.
Se busca dar una impresión fuerte, mostrar seguridad, confianza, éxito, todos requisitos para ser considerado dentro de una organización masiva o de un mercado, pero a medida que en todos buscan esto se produce una uniformidad que en muchos aspectos vuelve las cosas a cero.
Entonces el ejecutivo joven debe hacer uso de opciones innovadoras que justamente le permitan unir a las características ya dadas, también un toque de creatividad, simpatía y especialmente poder diferenciarse efectivamente del rebaño.
En esta imagen aunque poco considerado también tiene que ver el vehiculo que conducimos.
Hasta hace unos años la pluma montblanc o la chequera eran artículos lógicos de buena impresión, hoy la clave parece ser un buen celular (blackberry o iphone) o un moderno notebook, el vehiculo aunque secundario puede ser en algunas ocasiones crucial.
Pensemos un poco en como se da la receta normal, el profesional egresa, entra a trabajar y ya sea por cambio o primera motorización, adquiere un auto. La elección estadística lógica es el optar por un 0km, pero debido al sueldo promedio este suele ser un vehiculo de segmento económico.
Tiene su lógica, un auto supuestamente que no provocara problemas y da una cierta imagen de prosperidad.
¿Pero?... el problema es que efectivamente todos optan por lo mismo, y eso hace que la gran mayoría de los profesionales jóvenes opten uniformemente por media docena de modelos, curiosamente los mismos a los que optan también los técnicos y empleados no profesionales, o sea normalmente un vehiculo que no tiene todas las comodidades que no es de la mejor calidad y que no cumple con la función de mostrar un nivel adecuado, es mas uniforma y nos mimetiza con el resto. Si esto además le sumamos los costos económicos de esta medida: compra a crédito, devaluación acelerada de estos modelos, problemas de mantencion de alto costo o con fallas, etc. La elección empieza a parecer no tan acertada.
Si hiciéramos un estudio en el estacionamiento de una empresa grande con un gran contingente veríamos una estratificación bastante interesante:
Un segmento bajo, donde los corsa, yaris y 206 se repiten indefinidamente.
Un segmento intermedio de los cargos de algo mas de poder, donde abundaran los mazda 3 y similares.
Y un segmento alto de los cargos gerenciales mayores donde comienzan a aparecer los vehículos de lujo.
¿En una ocupación donde figuro como uno más de 300 ejecutivos, me conviene pasar a engrosar las filas de vehículos similares?
Hace varios años aprendí una lección sobre eso, un primo, hijo de un importante industrial y muy independiente, tomo una decisión interesante. Recién egresado, recién llegado del extranjero, reacio a recibir aportes paternos y con un sueldo acorde con el comenzar de un profesional pero no con el puesto de hijo del dueño, tenia un capital bastante normal para adquirir su primer vehiculo realmente propio, la opción lógica con algo menos de 5 millones habría sido un vehiculo 0km económico como un corsa, sin embargo con mucha astucia adquirió un bmw serie 500 del año 95 en muy buen estado, un vehiculo con casi 10 años, sin embargo con un valor de estatus muy superior a su valor, de hecho el auto no solo se veía excelente, ni siquiera desteñía junto al audi 0km de mi tío casi 10 veces mas caro. Quizás en términos monetarios puros, otros vehículos de la fabrica costaran mas, pero el del era efectivamente el auto de un hijo del dueño.
El tomo una decisión inteligente, adquirió un vehiculo de probada confiabilidad, bajísima desvalorización, de absoluta comodidad (full equipo) y de un altísimo valor de estético, una decisión de imagen ejecutiva pura que redituaba mucho mas allá del propio valor del vehiculo.
La imagen es un tema hoy en día, por ejemplo hace décadas Gianni Versace vaticinaba la muerte de la corbata, para muchas empresas modernas esto es una realidad privilegiando estilos mas casuales de aspecto mas “creativo”, ni hablar de la gran cantidad de personalidades claves que efectivamente han optado por un estilo mas simple (Steve Jobs, Bill Gates, etc), esto no es único se ha masificado el uso de zapatillas e incluso poleras. Para que decir de las nuevas distribuciones de espacios de las oficinas, el uso de arquitectura ergonómica, la flexibilidad de horarios, incentivos de metas, etc. La funcionalidad e incluso la imagen gravitan hacia la diferenciación, la comodidad y la exaltación de características mas personales.
En estados unidos por ejemplo el movimiento de custom cars ha tomado una fuerza inusitada, si hasta hace algunos años la adquisición de un deportivo europeo era el objetivo de estatus para cualquier ejecutivo joven hoy en día es el tener un vehiculo personalizado.
¿Por qué? Por el valor intrínseco accesorio del producto, un valor en apertura de relaciones, un valor de conversación que es clave en culturas mas desarrolladas, una ganancia en pertenencia a un grupo único, de mostrar características especiales. El vehiculo se transforma en una herramienta de difusión personal, si sirve para romper el hielo con un superior o cliente, cumple con una función crucial y por lo tanto tiene un valor agregado muy superior a la función primaria del vehiculo como transporte de A a B.
Para que hablar por ejemplo sobre el despegue de los vehículos híbridos como icono de las celebridades, el civil hybrid aunque infinitamente mas barato que los de lujo tiene un valor de imagen muy superior simplemente por asociación a cualidades de conciencia medioambiental y social.
El vehiculo que conducimos, pasa a ser una herramienta de promoción de nuestras cualidades, una declaración de quines somos y como tal, clave para la impresión que entregamos. De ahí que su correcta elección debe tomar en consideración los usos ajenos a lo normal que podríamos darle y por ello ser una opción que implica nuestros planes futuros.
El auto así se transforma en un instrumento que puede realzar nuestras ventajas pero también nuestras debilidades, hacernos realzar o por el contrario hacernos invisibles.
Hagamos un ejercicio: dos publicistas, igualmente calificados, iguales en imagen personal, uno tiene un peugeot 206 nuevo y el otro un volkwagen escarabajo del 68 hermosamente restaurado… a cual elige?
¿Cuál muestra mayor creatividad, simpatía, seguridad, cercanía, etc?
Más simple aun, ¿A quien se acercan primero?
¿El del escarabajo cierto?
Graciosamente lo mas probable es que el escarabajo valga menos de la mitad del peugeot.
Carlos Páez.



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