Revísate el cerebro

En Perros Viejos encontré esta artículo, que comparto

 

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Las relaciones laborales no dejan de ser relaciones humanas, en las que también hay envidia, celos o choque de vanidades. ¿La solución? Blindarse para no sufrir con conflictos laborales y ser coherente con uno mismo.

Una vez mi sabio padre me definió a los psicólogos como técnicos del cerebro; me pareció una definición acertada, breve y muy gráfica; por algo, mi padre es un sabio, claro. El caso es que cuando oigo que alguien se queja de su entorno laboral ("que si mi jefe tal...", "que si mi compañero cuál...", "fíjate lo que me ha dicho"..., "se está metiendo en mi terreno...") mi respuesta automática es:

"¿Por qué no te blindas ante esos comentarios?"

No hay que olvidar que una relación laboral no deja de ser una relación humana y que, por tanto, las chispas, roces, piques, envidias o simple choque de personalidades están a la orden del día, independientemente del carácter que tenga cada uno, más o menos afable. Y lo que es más importante, independientemente de cómo se lleve uno consigo mismo.

Muchas veces lo que hay detrás de esos piques profesionales con esas personas que no escogemos pasar tantas horas al día, o sea tanto tiempo de nuestras vidas, no es más que envidia o celos. ¿Cómo va descubrir uno que tras un exabrupto de su jefe, compañero de trabajo o cliente hay un trauma o una tara mental? ¿Acaso las peleas y zancadillas profesionales no se deben la mayoría de las veces a la vanidad, la envidia o el afán de estar por encima del de al lado para sentirse superior?

Al fin y al cabo, ninguno somos imprescindibles... ni en el trabajo ni en la vida. Si fuéramos lo suficientemente capaces de distanciarnos de nosotros mismos, de nuestras circunstancias y de las situaciones conflictivas que nos puedan surgir cada día en el trabajo, sería más fácil inmunizarnos contra esos choques profesionales tan desagradables.

Claro que está teoría sirve para los que no son adictos al trabajo; quienes no disocian vida personal y profesional lo tienen infinitamente más difícil porque se llevan los problemas laborales a casa y llevan las relaciones profesionales al terreno personal. Es cuestión de límites, de marcar diferencias y de ser capaces de mirarnos a nosotros mismos, en vez de reflejarnos en los demás.

Algo que sobre el papel es más fácil plantear que en la realidad. Así que, como todos tenemos defectos de fábrica, traumas y taras (quién no los tenga que levante la mano) se me ocurre que las empresas, en los tiempos que corren más que nunca, paguen una revisión de cerebros a sus empleados, a modo de una ITV de coches.  No, no es un chiste, es un medio para conseguir la armonía en el trabajo y para poder espetar a más de uno, que pierde las formas, los papeles y la razón en el trabajo por sus propias inseguridades: "¡Revísate el cerebro!"

 

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